Eres pequeña, muy pequeña,
¿no te das cuenta? Estoy aquí,
cielo, baja a verme, puedo abrazarte
fuerte y no dejarte escapar, pero
hacerte libre, puedo poseerte
y que el mundo se muera de placer
al verte.
Eres adorable, muy adorable,
yo no soy nadie con fuerza
pero me has dado fuerte
y tus ojos me dan suficiente
resistencia para acariciar
tu aura de paz y tranquilidad.
Eres preciosa, demasiado preciosa,
y yo tengo la necesidad de decírtelo.
Por eso uso versos subliminales;
te defino sublime, perfecta en tu
imperfección, diamante en bruto
esperando una lija suave y
atemporal.
Eres muchas cosas y demasiado
poco aún, me da pena tenerte por
lejana, inalcanzable, pero mira,
es más divertido. Yo me agarro
a la esperanza del verso perdido
y tú sigues saltando, viajando.
Eres tú, y eso es lo que importa,
¿no crees? Yo sí creo, aunque
no lo aparento. Se llevaron un
poco de mi esperanza, pero
su aroma se regenera... y tu
danza la vuelve a llamar,
no hay ya pena.
¿Eres tú? Ven aquí. Pasemos
el resto del día juntos.
Donde el sol nos ilumine
el camino y la noche nos cobije
y nos dé motivos. Un beso tuyo
y al cielo me postulo como nuevo
guardián de tus versos, yo te desnudo
y, con pasión, te uno, seamos uno.
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