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lunes, 17 de octubre de 2011

Un concierto


Elfinal del concierto se acercaba.


            Todo había transcurrido como labanda, y sus fans, esperaban. Todo estaba saliendo del carajo y el ambiente eraexcepcional, a pesar de que aquel recinto tampoco tenía unas dimensionesestratosféricas. Una guitarra ascendente empieza a sonar.
            -Y con esto, queridos y, sobre todo,queridas, amantes y compañeras, comienza el concierto personal.- sonrió conpicardía.

"Sila primera mirada es la que vale
- estoya lo enseñan las madres -"
            Mientras la miraba.
            Ella acudió, sin pensárselo dosveces. Él sabía que era el lugar idóneo para su asistencia. Para su sorpresa,vino sin acompañante, algo contradictorio.
Ella lo entendió perfectamente y sabía dóndese había metido.

"Recuparéla cordura
haciauna fosa común
cosidosa preguntas."

"Agrioes el sabor de la noche en abandono
seráel día en que inicie el retorno.
Meestorba la memoria,
lossentidos me distraen y se equivocan."

            Estaba siendo destrozada por su voz.Se inyectaba en sus oídos, pero no era aquel río de miel que ella recordaba.Sabía que estaba cantando escupiendo en cada palabra su corazón, pero no habíaun sentimiento... de amor, de cariño. Tampoco de resentimiento. Simplemente, élsabía que a ella esto le estaba entrando. Y que no le iba a salir tanfácilmente como ella le echó de su vida.

"Enlas aguas de la certeza
noshicimos la promesa de las aguas de Pokara,
"yel perfume que emane del sexo
sefundirá en nuevo grito"."

Elpúblico se estaba animando de una manera brutal. No tenían ni idea de lo queese concierto significaba para él; simplemente, saltaban y cantaban de unamanera acompasada y fluída.

"Nuncahe confiado en los labios muy finos,
deellos huyo como un fugitivo.
Yamansas el oleaje
querompe contra mis venas, purificas el aire."

            Esta vez, se dirigió a otra persona.Una que estaba mucho más cerca de él, en primera fila prácticamente. Ella sabíaque sus palabras salían con todo el aprecio que le tenía, y sonrió,reconfortada, mientras seguía disfrutando de las palabras que emanaban del almade El Cantante.

"Enlas aguas de la certeza
noshicimos la promesa de las aguas de Pokara,
"yel perfume que emane del sexo
sefundirá en nuevo grito"."

"Delas brasas de una constelación
almundo perecedero,
Bendecidafue la causa de mi fortuna.
y dela tierra perdida en la infancia
almundo perecedero,
Bendecidafue la causa de mi fortuna."

            Aquello empezaba a caldearse de unaforma maravillosa. Todo el mundo estaba encantado con el espectáculo, peroaquel primer estribillo dejó a todos impresionados. La cosa cada vez iba amejor, y ellas seguían con la compostura en forma, y aguardaban más señales.

"Algoque no me han consentido"

            Y él se señaló el corazón... y luegosu cabeza.

"yque ahora busco entre tus huesos,"

            La miró de esa forma que él sólosabía. De esa forma tan especial, que lograba
asesinarla.


"algoque desde tan cerca
creíque sería...
creíque sería mi estilo."

            Luego de terminar estas líneas, ellamovió sus labios para colocarlos en un modo raro. Se diría que incluso esoparecía ser una sonrisa.

"Cuandoabandones tu sueño
sabrásque has muerto
y losgusanos siempre están hambrientos."

            En ese mismo instante, El Cantantemiró a La Compañera. No le deseaba ningún mal. Simplemente, sabía que tenía queser por y para ella.


"Orienteno cree en el sarcasmo
queantaño nos gobernó,
soyel león domado."

            Aquí, El Cantante se giró a suizquierda unos noventa grados y extendió su brazo derecho. El mensaje quedóbastante claro.
Luego de esto, se repitió el estribillo y loque era el puente. La canción estaba
acabando, y El Cantante sabía que esto sólohabía empezado. Bueno, lo sabía él, al igual que lo adivinaron La Niña de lasMil Caras y La Compañera.



            Una rápida guitarra empezó a sonar,de repente. El Cantante se acercó el micro, y dijo, solemnemente:

            -Una canción para mi compañera. Una carta,tal vez.-

            Se acercó el micro, y aquelespectáculo de ironías, mensajes ocultos, miradas y
mensajesno tan subliminales, empezó.

"Nohace mucho que leí tu carta,
y,sin fuerzas para contestar,
milpedazos al viento nos separarán."

            Los recitó dulcemente, no queríaimplicarles ningún rencor. No quería que se
malinterpretasen.Aunque ella lo haría, sabiendo cómo era...

"Pondrécasa en un país
lejanopara olvidar
estemiedo hacia ti, este miedo hacia ti."

            La fuerza que le impregnaba a laspalabras era demencial. Todos sabían que ElCantante estaba sintiendo aquello como si su vida le fuera en el concierto.
            Los versos fueron cantados con muchadicha, y sobre todo, una sonrisa muy irónica, pues no podía encontrarse máslejos de lo que ya estaba. ¿O sí?

"Yno hace mucho que rompí
turecuerdo pensando
acabarde una vez."

            Cerró los ojos al decir esto. Sabíaque esto no tenía dobles ni triples sentidos, por lo que prefirió dejar deapuntar con su arma por un momento.

            En esa pausa que había antes decomenzar la siguiente parte de la canción, dijo, suavemente... "Sube,pequeña".
            Ella lo hizo. Se subió, gracias a sunovio, en la pequeña pasarela que conducía hasta el foso de aquel local. Dondela energía bullía incontrolable.

"Peroel tiempo y la distancia
noson todo para mí
siemprehay algo que me hace volver."

            Se alejaba, pero al final, seacercaba a ella. Volvía. Y mientras volvía, en la parte
de"algo que me hace volver", se agarró su corazón.

"Siemprehe escuchado, y ya no te creo
¿porqué no te entiendo?
¿porqué estás tan lejos?
siemprehe escuchado, y ya no te creo
¿porqué no te entiendo?
¿porqué estás tan lejos?"

            La emoción afloraba cada vez que elestribillo se presentaba en la canción. Los ojos de El Cantante se tornaron vidriosos, y la cara de +La Compañera+ se volvióextraña, miedosa.

"Séque siempre he sido así
y queno tengo remedio,
ni loquiero tener.
Peroni el miedo ni tus cartas
loson todo para mí..."

            Paseaba por el escenario mientrasella, de pie, no sabía qué hacer. Estaba paralizada por el impacto de lacanción. Sobre todo, por su manera de cantar.

"...quizásotra vez te echaré la culpa a ti."

            En ese momento, mirándola a ella, El Cantante señaló a su acompañante, asu novio. Como si de la nada apareciera, él, en esos instantes, notó que unafuria muy contenida se aferraba al acompañante, sus puños estaban apretados confuerza y la ira contenida le hacía parecer un dragón a punto de expulsar lallamarada más flamante de su vida.

            El estribillo volvió a resonar, perono ocurrió nada más. El Cantante terminó aquella canción a punto de mostrartodas sus emociones y mostrarse débil. Resistió las ganas, amortiguó el golpe.

            Llegaba la canción más importantedel final. Al menos, una de las que más. Todo se apagó, la pantalla del fondoestaba preparada para transmitir una serie de imágenes. El Cantante sonreía con avispada picardía, mientras observaba, desdesus anteojos, a La Niña delasMil Caras.

            Antes de que la guitarra empezase asonar rítmicamente, antes de que él tuviese que empezar a cantar, dijo, conganas de empezar:

            -Parala niña queardía de frío.


"Empezarporque sí
y acabar nosé cuándo"

            Tiró sus gafas al suelo, las cualesse partieron en siete trozos. La mirada se clavaba en la suya como si fuera laespada más afilada del estado. Sabía que ella iba a salir escaldada, y él iba aarder defelicidad.

"Elazul me da cielo
y el iris los cambios"

            El techo del recinto se pintó deazul por un instante, y luego, el suelo, se convirtió en una mezcla de hielo y fuego,pues un naranja ardiente y un azulhelado lo iluminaron por unos instantes.

"Losastros no están más lejos
quelos hombres que trato"

            En ese momento, el cielo parpadeó,centelleante, con una serie de estrellas impregnadas de luz.

"Repitootras voces
quesiento como mías"

De repente,una risa adornó el ambiente. Una voz apaciguó la sala, y ella se
estremeció.

"Yse encierran en mi cuerpo
conrumor de mar gruesa"

            Llegabala primera parte.

"Tehe dicho que no mires atrás"

La pantallaque se situaba detrás de El Cantante,ahora, mostraba una imagen suya, de joven, con unas lágrimas neónicas cayendo.

"Porqueel cielo no es tuyo"

            Este primer plano de su caradesaparece, y ésta se desplaza hacia la derecha, dejando ver... el cielo.

"Yhay que empezar despacio
adeshacer el mundo."

            La imagen se aleja, su caradesaparece, y se ve el mundo de lejos. Y el mundo desaparece, como si nada.

            -Sube,cielo.

"El aliento de latierra
y su calma serena"

            Ella ya había subido. Seguíateniendo esas curvas que la hacían sexy. Iba vestida de una forma simple, sinembargo, su figura estaba remarcada; sus curvas seguían enamorando. Sus ojosseguían impregnados de una inocencia insidiosa, y sus finos labios seguíanformando una sonrisa muy pícara.
La que ahora mostraba en su rostro, pero élsabía que todo era una pared.

"yla sombra de la tarde
esuna mano que tiembla"

            Los gestos de El Cantante hacían que la canción fuese aún mejor, pues sabía
representarmuy bien cada línea con su cuerpo.

"Lamúsica me abre secretos
queahora están dentro de mí"

            Su voz resonó por encima de todo loque allí estaba presente, mientras se señalaba su corazoncito.

"Alfinal después de todo
nosomos tan distintos"

            Se empezó a acercar a ella, sin perderla sonrisa de superioridad. De repente, se paró bruscamente, y se puso muyserio.

"Un oasis en desierto
donde queda la paciencia"

            Le mostro una bella sonrisa, ycontinuó.

"Tehe dicho que no mires atrás"

            Otro primer plano de El Cantante de joven. Pero, esta vez...mostraba esa sonrisa que solía adornar su rostro cuando estaba lanzando agujasenvenenadas hacia el enemigo.

"Porqueel cielo no es tuyo"

            Su imagen, al igual que la otra vez,se apartó hacia la derecha... y, entonces, se
pudoapreciar perfectamente a La Niña delasMil Caras, en una foto de antaña juventud. Qué curioso."Nunca se olvidará de esa foto..." Pensó ella.
            Su camiseta decía "Daddy'sGirl", su sonrisaseguía diciendo lo mismo que ahora, y sus ojos dejaban entrever una maliciaimperceptible.

"Yhay que empezar despacio
adeshacer el mundo"

            La imagen de La Niña de las Mil Caras  empezó a texturizarse; y, cada vezmás, parecía la Tierra con forma de mujer... Y aquella mujer con complejo deser un mundo, desapareció.
Una guitarra rompió el ritmo actual, y El Cantante se quedó parado, con elbrazo derecho alzado y su cuerpo alicaído. En mitad del cambio de ritmo, seirguió y se acercó aún más a ella.

"Ponmefuera del alcance
delbostezo universal
nosveremos en el exilio
o enuna celda
ponmefuera del reposo
en mihistoria personal
soyun ave rapaz
¡Admiramis alas!"

            Mientras iba cantando, se ibaacercando. Ya en las dos últimas líneas, estaba a 7 centímetros de ella. Laguitarra hizo la intro al solo, y justo cuando iba a empezar, El
Cantante desplegó susbrazos y, de la nada, unas preciosas y magnas alas aparecieron de su espalda.
            Ella estaba impresionada... y sabíalo que había.

"Tehe dicho que no mires atrás
porqueel Cielo no es mío.
Y hayque empezar despacio
A deshacerte el mundo."

            Con estas líneas modificadas por El Cantante, terminó de despacharla.
El concierto estaba llegando a su fin, todoslo sabían, todos y todas. Era de imaginar la última canción, la que culminaríacon el concierto único, exclusivo y personal que El Cantante estaba dando.

-Esto podría ir tanto para una como para otra. Pero quierohacer una cosa especial esta vez.

            Pidió a +La Compañera+ y a La Niña delasMil Caras que se subieran a la pasarela.
Mientras,un sonido arabesco acompañaba a este ritual que tantas noches había soñadorealizar.
            -Sentaos las dos aquí, de rodillas, como si estuvieraisen el Japón. Tú tienes
experienciaen ello.- ledijo, con tono burlón, a La Niña delasMil Caras.
-Miradhacia la pantalla y hacia la banda... dejando un hueco para mí.
Él se sentó, mirando hacia el fondo de lasala, de la misma manera que ellas dos
estaban sentadas. Empezó el recital.

"Laspalabras fueron avispas
y lascalles como dunas
cuandoaún te espero llegar."

            Su mano abrazó el hombro de La Niña de las Mil Caras, y no losoltó hasta después de las próximas líneas.

"Enun ataúd guardo tu tacto
y unacorona con tu pelo enmarañado
queriendoencontrar un arco iris
Infinito."

"Mismanos que aún son de hueso
y tuvientre sabe a pan
Lacatedral es tu cuerpo"

"Eras verano..."

            Y cogió de la mano a +La Compañera+.

"...y mil tormentas"

            La Niña de las Mil Caras sintió el contacto de El Cantante.

"Y yo elleón
que sonríe alas paredes
que he vueltoa pintar del mismo color."

            El local se tiñó de un azul débil,tristón.

"Nosé distinguir entre besos..."

            Se dirigió a La Niña de las Mil Caras.

"...yraíces"

            +LaCompañera+ sintió el tacto de la mano.

"Nosé distinguir lo complicado..."

            La Niña de las Mil Caras volvió a sentirlo, mientras él notó que estaba llorando.

"...delo simple."

            +LaCompañera+ estaba emocionada hasta unos límites insospechados.

            Él se levantó, para dirigir estasdos líneas a ellas.

"Yahora estáis en mi lista
depromesas a olvidar;
Todoarde si le aplicas la chispa adecuada."

            El público enloqueció con aquellaacción.

"Elfuego que era a veces propio
laceniza siempre ajena
blancaesperma resbalando por la espina dorsal.
Yasomos más viejos y sinceros
y quémás da si miramos la "laguna"
comollaman a la eternidad de la ausencia."

            Estas palabras fueron expulsadasdesde el abismo del temor hacia el cañón del amor, del sentimiento.
            El estribillo se volvió a repetir, ypara hacerlo todo bien de nuevo, él se sentó entre ellas y repitió las mismasacciones.
            Todos estallaron. La canción estabadando a su fin, y todos tarareaban el famoso "Chururupaunpaunpaun"que coreaba el gran Enrique Bunbury, queen paz descanse, en esta canción.

            En las casillas en las que ellas sesituaban, empezó a emanar una luz intensa, fogosa.

            Y la canción terminó.





            Firmado:Una crónica un poco melancolía del que fuealgo, y delque +siempre quiere ser algo+.

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