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sábado, 12 de diciembre de 2015

La nada, lo vacuo

Me esperaba estos resultados. Tras miles de años caminando envuelto en distintas ramas, raíces, formas, gotas; después de tantos avances, hemos vuelto al principio. No me ha quedado nada a lo que agarrarme incluso habiéndome rodeado de todo lo que siempre he anhelado. El frío, no ya el natural, que puede ser positivo, sino aquel que se cierne sobre las almas y erosiona el calor poco a poco, ese es el que me habla y escribe todo esto. Han desaparecido tantas cosas que he llegado a la conclusión de que ninguna fue real. Todas, absolutamente todas, se crearon gracias a las ilusiones que, desde pequeño, inocularon en mi sistema.
Soy un sistema dentro de otro, y así continúa la cadena sin proporciones, no delimitada para el ojo vago. Bajo, oculto, desapercibido; así es mi perfil, difuminada la silueta, porque la goma de borrar ha hecho su efecto en mí como pretende en todos, poco a poco. Yo, siendo propiamente un sistema, me descompongo: las piezas se desencajan porque ellas solitas se han percatado de que algo no va bien. Las chispas no paran de nacer y morir, fulgurantes, como la historia. El proceso se repite una y otra vez, y no hay nada más que añadir al mismo para describirlo. Todo está escrito. Ahora ya me toca descansar.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Conversaciones interiores

—Creo que lo voy a dejar.
—¿A qué te refieres?
—Ya sabes. Le he estado dando vueltas. No creo que mi sitio esté aquí.
—¿Pero qué cosas dices? Has bebido demasiado. A ver, acércate, déjame olerte el aliento.
—No, no. Lo he estado reflexionando. He buscado motivos de peso, alguna razón que argumentar ante mí mismo para convencerme de que esto es lo mejor; quiero decir, que debería seguir haciéndolo porque me desatasca la nariz y me permite respirar mejor. Todo en lo que creía hasta hace bien poco se ha desmoronado.
—¿Y qué es lo que ha ocurrido exactamente para que todo se caiga? Sigo algo anonadado.
—Probablemente me dejaron demasiado tiempo para pensar.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Remansos de paz

¿Qué es lo que se me cruza por la cabeza? La giro y, a mi derecha, solo veo gestos magnéticos, recipientes sinuosos que llaman a la carrera infinita, incansable; realmente no sé qué hacer exactamente. Las venas laten con algo más de intensidad que de costumbre, y siempre quieren algo más; no sé de dónde sacar algo más, ese algo que sacie de una vez mis venas y mi pensar. A mi izquierda, no queda nada; el vacío estoico se halla impune, limpio y pulcro gracias a su imaginada santidad. ¿Qué hay que elegir, si acaso pudiera? El recto camino se considera el equilibrio de vacío y cantidad; en suma, forman la felicidad elevada. Pero, ¿y si quisiera nadar por una noche en el mar de la lujuria? ¿Y si el próximo día prefiriese el limbo perdido de todas las manos mitológicas?

Me doy la vuelta, buscando cualquier libro que el destino me haya dejado en la mesita de noche. El sueño se escapa poco a poco de mis ojos y, junto a él, se van ella y mis contenidos deseos, descosidos por aquellas manos tan inocentes a primera vista; blancas y relucientes, pero mortales y afiladas. ¿Qué se ha de hacer contra la avidez? Busco respuestas en cadáveres abiertos, expuestos a miradas discretas, discretísimas. Y, allí, para mi desgracia —o confirmación de todas mis latentes aspiraciones—, tengo permiso para acceder al amor más bajo y, así, saltar al más alto risco que mi cuerpo me permita: él me ha dado el permiso; él, compañero de patria, orgullo oscuro a los ojos reticentes, que miran pero no ven... Sí, es aquí, me confirman. El remanso de paz donde ser uno mismo delante de cualquier espejo posible.

domingo, 25 de octubre de 2015

Puntos suspensivos

Un camino que da hacia la bifurcación que nunca quisimos ver. Un barranco con el fondo perdido, donde las almas vagan buscando el suelo para descansar de una vez por todas. La ambigüedad de los puntos de vista que, incluso unidos, no hacen más que reflejarse los unos a los otros, como en una fiesta de máscaras eróticas; allí solo se ve lo que uno desea ver, como lo desea, por donde lo pide. Es el aire que sopla levemente, acariciando cada poro de tu piel, preguntándole a tu melena si es suficiente el soplo para que el movimiento sea lo suficientemente flexible como para cuidar las raíces. El agua que cae como el susurro declarado tras la ducha, la higiene de los pecados. Allí donde nadie ha llegado; al menos, nadie lo ha comunicado. ¿Habrán logrado alcanzar su meta? ¿Dónde estarán ahora, si no es allí? ¿En qué nos basamos para sacar conclusiones del signo más significado de la historia? El tres aquí es el tronco de todas las ramas del ser humano. El tres no es, ni más ni menos, que el equilibrio que siempre hemos buscado. Ahora que lo hemos encontrado, solo nos queda hallar su mensaje.

domingo, 11 de octubre de 2015

Desperté

Te pediría, por favor, que no volvieses. Que no volvieses nunca más. Nunca con tanta sinceridad te he hablado —porque no se usa nunca del todo la sinceridad; uno se guarda algún trozo bajo la manga, para que no se la quiten—, así que detente y escúchameY ahora, devuélveme lo que me pertenece, por favor. La doble chapa plateada, rasgada por los encontronazos, los roces a propósito y el paso del tiempo seguía intacta a pesar de haber sido arrebatada del cuello de su poseedor hace poco más de una hora por un maloliente matón. Estaba contratado por la misma persona que ahora le había devuelto lo que era suyo; el único objetivo de la parte contratante era llamar la atención de la víctima: una oportunidad para hablar con él, después de tantos años. Pero los trenes también dejan de circular.
Mientras huía con mi compañero, de repente comprobamos que, efectivamente, estábamos rodeados. El sol se había ocultado tras los altos bloques de pisos, pero las ventanas estaban todas tapadas con tablones de madera. Si pretendía traspasar las paredes, que podía, porque no existían, no lo iba a lograr a través de la rutinaria huida del aliento global urbano. En nuestra espalda, dos sicarios sobre una escalera de emergencia. No hay salida. En nuestros ojos, una gatling bien instalada, algo roída por el paso del tiempo, pero seguramente funcional como para, al menos, detener nuestra fuga. Salté a un lado, con ninguna esperanza, pero lo hice por ver dónde iba a acabar. El cielo se empezó a despejar. La vista no se anegó con nubes ni con lágrimas. Alcé la mano, miré el torso, luego la palma. Unas gotas de sangre manchaban esta última. Cerré los ojos.
Al poco tiempo, desperté.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Salón de actos

Frente a aquella puerta, no podía hacer más que temblar. La incertidumbre se había apoderado de mí en aquel momento. La puerta se hizo portón y no paraba de crecer. O puede que yo me hiciese algo más pequeño que de costumbre. Tal vez, alguien me bajó del pedestal al que me dejaron subir sin yo siquiera darme cuenta. El pomo estaba frío, o quizá los nervios se habían concentrado en los poros, en las huellas dáctiles... Ahí quedaría, para siempre, una cierta impronta personal. A pesar de todo, pude girarlo y entrar en lo que se me asemejó a otro mundo distinto. El pasillo aún se hizo de rogar y quiso alargarse algo más antes de entrar en escena. Sin embargo, logré que los focos no me cegasen a las primeras de cambio y vislumbré, con los ojos entrecerrados, que los asientos estaban vacíos. Donde yo esperaba a una muchedumbre rabiosa y armada hasta los dientes solo encontré espejos que reflejaban lo poco que quedaba de mí. Me caí de la tarima, del pedestal o del altar. Ya no seré adorado nunca más. Perdí en algún sitio o lugar la cuenta; no sé cuántas ofrendas he de dar.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Piso franco

Intenté pasar página tras lo sucedido. Me mudé equidistantemente al otro lado de la ciudad. Un piso bastante austero, justo como había quedado mi carácter, los poros de mi piel cuando ella se fue. Aún sigo pensando, con una seguridad que me asusta, que no se ha marchado. Se la llevaron. Por eso, en cuanto abro los ojos tras dormir menos de lo indicado por los expertos, lo que observo es un tablón de corcho que me acompaña desde aquello. Allí, cuelgo las fotos, los recortes de prensa y cualquier tipo de información que encuentro por puro azar o por pura insistencia. No hay nada más bonito que la insistencia. A veces he escrito sobre ella y la he mandado a recoger dinero por mí, y lo trajo. Ahora las tornas han cambiado; sólo vivo mirando por la ventana, esperando que las farolas se deformen y tuerzan formando un mapa hacia mi desaparecida. Mi raptada. ¿Dónde se la pueden haber llevado?

Me levanto de la cama. Ya he vuelto a comprobar que no he perdido capacidad mental para recordar dónde he puesto cada foto y qué expone cada una. La primera vez que nos vimos, nuestro primer beso, nuestra primera despedida. Algunas fotos las hice con una cámara que no tenía nada en especial; otras fueron palabras que ella me dedicó. Su mano era la de un ángel a la hora de escribir, pero no solo: también cuando me daba el honor de poder acercarme a ella, sentía el perfume celestial que irradiaba sin necesidad de agentes externos. Todo aquello se esfumó como el pincel que quiebra en el áspero lienzo. ¿Qué es lo que estaba esperando allí, encerrado, solo acompañado de mis pensamientos? Desayuné la última porción de cereales del mes. Iba a entrar otro mes, uno más, y los días seguirían pasando, como los viandantes en la acera que veo caminar todas las semanas.


He perdido la cuenta de la actividad transitoria de mi calle. Los coches se acumulan a la hora del almuerzo; trabajadores que salen de la esclavitud y esperan con ansias llegar a su pequeño oasis de fingida libertad. Otros salen a esta hora a aquel desierto limitado. Es un ciclo. Un círculo que se repite, como mis ojos buscando alguna nueva pista en el tablón, como la compra semanal para subsistir, a la espera de encontrar algo que revele lo que busco desde hace… ¿siete? Perdí hace mucho la cuenta de los años. Cada vez que intento recordarla, saco algún libro al azar de Borges; le cojo prestado su báculo temporal y empiezo a nadar con tranquilidad. Es mi mar limitado a presión, relajante para todos los sentidos que aún poseo. ¿Cuándo se cerrará mi círculo?

jueves, 27 de agosto de 2015

Tesoros sin descubrir

He seguido todos los pasos al pie y pierna de las letras. He caminado a la par con ellas; he comido, he dormido y he madrugado a su lado, a aquel montón de dibujos ordenados jerárquicamente por el Caos. ¿Y cuál ha sido el beneficio? La nacida espiral no hace más que engordar y engordar, y el espíritu no hace sino flaquear y flaquear. Las proporciones siguen sin ser precisas y el papel se desvanece sin que un remedio acuda a la llamada de socorro. Un tratado sobre la unión del Caos ha de ser publicado en no menos de catorce o siete días si realmente se pretende salvar algún trozo de Esperanza que, dicen las ... lenguas, aún sobrevuela el mar, o la tierra. Lo que sí es cierto es que nadie ha pensado en cultivar la herramienta... ¿Qué pasará si encierro y entierro esto aquí?

sábado, 8 de agosto de 2015

Propósitos

Parpadeando con prudencia pude evitar el daño que el foco de la mesa donde guardaba todas mis anotaciones me destruyese el último sentido pleno que me restaba. ¿Por qué, al cerrarlos, me quedo en un viaje estático, donde me hacen espectador forzado? Llamo a todos los contactos que apunté en mi agenda, pero ninguno me da una respuesta. Creo que he dejado encendido el ordenador y por eso ando en este caos cuando duermo. A lo lejos, una voz retumba. Levántense, hemos terminado la prueba. Y yo, con una sombra de conciencia, me pregunto si aquello es real o no.

Parpadeo levemente, porque el polvo sigue en el aire, y me atosiga allá donde voy. Creo que está programado para odiarme. ¿Puedo decir algo? Sus palabras son gastos imprudentes de oxígeno, guárdese cualquier reclamación para el final. Se abre el telón. Hace tiempo que no voy al teatro.

sábado, 4 de julio de 2015

La ponzoña

Desde aquel instante dejó de conocer el punto inequívoco de su existencia. Se acabaron los saltos tristes por las noticias inesperadas, no hubo más pelea, ni miradas, ni manos entrelazadas. A partir de aquel instante, toda su vida giraría en torno a un camino difuso para los pocos ojos que le restaban en su sesera. Todas las lágrimas derramadas habían dejado unas huellas señaladas, por si debía huir del futuro, pero ahora se hallaban agotadas, y no tenía otra elección; tendría que seguir caminando hasta que una piedra, un tornado o algún apagón le diese pistas sobre su paradero. Es por esto que dejó de escribir y se agarró a la primera farola que se cruzó —de forma oblicua— por entre sus pasos, bastante quedos en comparación a su trayectoria pasada. Los ojos terminaron su proceso de autodestrucción, y la ceguera obtuvo un poder tan inmenso sobre su persona —no tanto sobre su alma— que acabó en la cuneta del olvido.

jueves, 2 de julio de 2015

El avance

"A través del discurso de las conexiones sobre el papel, he perdido varios lápices, plumas, algún que otro bote de tinta se ha evaporado y los bolígrafos siguen en busca y captura. Ya hace varios días que la guerra acabó con cualquier esperanza floreciente en mi patria. La tierra no para de gemir, quejumbrosa, sobre el trato que ha recibido, a pesar de todo lo que ella nos ha entregado gracias a su fertilidad y nuestra dedicación. Ahora, las sombras se apoderan lentamente —se encuentran en el horizonte, disimuladas, pero sé que se acercan a un paso rutinario— de todo lo que ayer, tú y yo, conocimos.

[¿Sombras o luces obscurecidas? No lo sé. Sólo quiero dejar claro que nunca relacioné lo umbroso  a lo negativo. Tal vez haya cambiado mi parecer. O, simplemente, sea incapaz de definir lo que se acercaba allí, a lo lejos, hacia mí. Sí, me faltan las palabras. Siempre me gustó cultivarlas en otra parcela. En su manto...]

Debajo de los escombros no es que me imaginase la marcha hacia otro lado —cualquier lado, vertiente, siempre que esta fuese contrariamente paralela; esto es, un espejo con forma de puente—, pero casi nunca he alcanzado lo que me he propuesto. Aunque es irónico; aquí, tumbado, con las piernas inmóviles —inhabilis, que me dijeron una vez—, nunca habría imaginado que podría estar tan en un ambiente tan apacible. Pese a no ser capaz de dilucidar dónde quedaba el sol, magna estrella siempre empalagosa, allí, justamente allí, sin haber creído yo en las casualidades, encontré el último papel y el último bolígrafo sobre la faz del planeta. O eso deduzco, teniendo en cuenta los hechos acaecidos últimamente. Asimismo, guardar esperanzas alrededor del futuro de esta metáfora de la Naturaleza me parece una pérdida de tiempo; igualmente me parece malgastarlo el intentar contactar con algún (o alguna) superviviente. Es por esto que escribo, para dar algún remate (finis) a mi viaje. Si alguna vez renacemos, sea en cuerpo, sea en tallo, en ave o en mito, gracias; por cuidar el legado y aumentar lo heredado, por amar las plantas que no pudimos proteger, en fin, por saborear y apreciar todo lo que nosotros —aparentemente— rechazamos."

Manuscrito encontrado a las afueras de la última ciudad superviviente a la catástrofe 'N'. Hay posibilidades de que dicha ciudad fuese conocida como 'Paamya'. No se han encontrado restos o pruebas que confirmen la autoría del mismo. Se conserva desde el año '7777', según distintos estudios. Aún no se ha demostrado la veracidad del mismo.


jueves, 11 de junio de 2015

Aquí siempre voy a defender la blancura de tus ojos

Aquí siempre voy a defender la blancura de tus ojos. Aquí, con mis armas embadurnadas con la oscuridad que ideo, supuse algo en lo que no erré, como así lo ha demostrado el tiempo este, aquel y todos; que tu oscuridad y la mía no chocan, sino que se rozan, creando un ambiente propicio para convivir en la eternidad de todos los instantes posibles y concebibles. He aquí el resultado: una desganada tropelía de palabras que desfilan muy juntas para no perderse en las naderías de un ebrio literaturizado a medias.

También he pensado, aunque no en mucha profundidad, como nada de lo que pueda escribir, que la oscuridad es altamente superior a aquello que se empeñan en denominar luz, claridad o blancura. Sin embargo, la de tus ojos es ciertamente veraz, como se demuestra con el contraste cegador y guía de mis pasos en las más densas tinieblas, porque hay otras tinieblas que me abrazan y acaricio con un placer inimaginable. En el hermetismo de algunas palabras que escapan a mi dictadura, lanzo balones faltos de azabache para que formen globos y tu nombre quede retratado para siempre en el cielo. Me vas a tener que perdonar algún día, cuando pueda regalarte todo esto en una caja de descartes que nunca descubras, que venga rebozada con algún verso insignificante de mi propia cosecha, pero tengo que decirte que no sé describirte con total y absoluta certeza.

Puede que mi problema se encuentre en la incapacidad para narrar, versificar o, simplificando, en escribir. No me preocupa sobremanera el problema, ya que si en algo he de trabajar con sutileza y sigilo es en los medios para poder pintar un cuadro a tu medida. No tengo por qué engañarte; en las tinieblas es donde más aclimatado me siento. La razón de este discurrir zigzageante no es otra que exponer algo que podrá o no guardar cierta lucidez, irónicamente; es la oscuridad el origen primero de todo. Por desgracia, se la relaciona con demasiada facilidad con la negación, la superstición, el inmovilismo, la pesadumbrez, la risa abyecta o los pensamientos derrumbados. Qué más dará, cuando yo mismo —yo y todas mis intersubjetividades— sé de tu locura cuerda, de tus cuadernos con sombríos rizos y las perlas ajustables que pueblan el manto oscuro que me protege del frío más ardiente.

martes, 2 de junio de 2015

Reflexión con letras escalonadas

A veces no recuerdo qué es lo que se cruza por mis insignificantes caminos. Entre ellos suelen conformar una red de posibilidades inalcanzables para el ojo mediocre, pero cuando conviven de una forma algo más libre (aunque esto sea producto de su sola imaginación), digámosle independiente, si se pudiere usar la palabra, no me traen más que problemas y pocas soluciones a estos. Conciben una serie de asociaciones inestables que les lleva a una infructuosa guerra civil, y aquí es donde hace acto de presencia mi papel, mi indudable papel; un mediador de las afueras que, bien (o mal) pagado, hace de alguacil decadente, por situarlo en algún lugar, y logra con unos métodos más bien poco ortodoxos desarrollar una babel de ideas inconexas que, al chocar con la propia personalidad de cada individuo, de cada camino, se restaura la distribución en una imagen consoladora para mi propia conciencia.

Esto es; así como los sujetos ya mencionados deben establecer una serie de alianzas, si estas no tuviesen la ocasión de acontecer y, de esta manera, una suerte de anarquía individualizada se instalase en las pequeñas parcelas donde cada uno reside; si la paz no llegase de forma plácida, se debe aplicar el método ya descrito con anterioridad: buscar el contraste y la paradoja que puedan restablecer lo ya aparentemente perdido. El último eslabón de la gran cadena del ¿ser? no es más que la complementación entre el uno y la nada, pues nadie es todos, como ya saben. Tú, que por algún mal de ojo recibiste esta anatema; tú, que ahí resides, con esos cafés, las noches que alargas y toda la parafernalia pseudo sensual (a la que llamas erotismo, espero, irónicamente); tú desconoces la túnica a la que me aferro. Fuliginosa y verdaderamente exótica; pero todo esto

no importa realmente. Porque las palabras que 'he dirigido' no 'llegarán a su destino', si este último acaso hiciese acto de presencia. Dejáme situarme donde me plazca; porque yo sí acepto mi inutilidad.

lunes, 25 de mayo de 2015

Me mudé de la capital

Ándele, no se preocupe más. Todo está bien atado para conseguir la plenitud de los objetivos marcados. Acompáñeme. Elija la bebida que desee. No pasaron más de diecisiete minutos antes de la explosión que cambiase mi historia. Me gustaría corregir que la historia no es todos ni es nadie, es una, usted, o yo, separados o unidos, como quiera. Es uno, no es nadie, no son todos. Venga, dele un sorbo a algo. Es gratis, se lo aseguro. Y lo aseguré con una firmeza que desconocía hasta ese momento. Diecisiete minutos contaron los diecisiete entes que cantaban durante el transcurso de cada uno de ellos. Por esta razón no tengo historia que contar. Somos uno, ni nadie ni todos. Ya conocen esta historia. Créanme, confíen, no es imposible, no es tan difícil.

El cielo marcaba el fin del principio dando paso a la modernidad completa. Las banderas se alzaban en el aire como los birretes al final de la carrera. Se proclamaban las naciones con abrazos entre ellas mientras yo, en una esquina, derramaba alguna que otra lágrima. Una, dos, tres, perdí la cuenta, no quise alargarme en mi propia (nueva) existencia; el sufrimiento de haber visto todo aquello antes de que sucediese nadie lo puede describir. Ni yo mismo; yo, uno, solo uno; yo. He aquí el testamento que le dejo al resto de la humanidad, si logran conservar ese significado. Yo ya me bajé del barco.

viernes, 22 de mayo de 2015

Las noches sentado en mi zaguán del Oeste

Comencé a respirar desde pequeño, aunque tal vez ya no recuerde la primera vez de mi fortuna. Caminé con respeto hacia todas las cosas que me superaban hasta que yo llegué a ser más grande; entonces mi mirada se posaba y descansaba sobre todo aquello que una vez me hizo sentir parte del suelo. Poco a poco me fui dando cuenta de que podía rozar el techo con mi nariz. Oler el rastro de la brisa que deja el aletear de una parvada de aves enfermizas, que piensan en la inexistencia de fronteras de tiempo en tiempo, me dejaba recuerdos ajenos en mis manos, los cuales traté con un cariño algo exiguo. Supongo que esta fue la causa de mi condena a largo plazo a pesar de que esta se me hiciese estrella fugaz. Me dejaron de visitar las que abrazaba con la oportunidad presente.

El manto oscuro lo tapó todo, protegiendo su interior de cualquier ofensiva externa que pudiese tropezar en su camino. Yo se lo agradecí con unos versos más bien desnudos, carnales, llenos de sinceridad. Sus estrellas siguen latiendo allá en el firmamento que lejos me queda desde mi tumbona de aprendizaje. Paso las páginas de cualquier libro que me trae el céfiro laminado de sutiles líneas turquesas... Me atino en alguno de ellos. Prosigo el descanso, mis pérfidas lecturas, las visiones rivalizando con las huellas de todos los extranjeros, trago un airecillo que se acomoda en el vaso de tinta. Y puedo confirmar que aquel lóbrego manto me surtía de un bienestar inusitado.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Puertas y ventanas selladas

Dígame, ¿cómo es el infierno?

No paraba de mirar hacia el suelo. Las constelaciones seguían siendo algo sutil para los ojos perdidos en aquellas líneas opuestas al orden y razón. Qué mal, con la brisa susurrando, qué mal todo. ¿Qué es lo que hago yo aquí? Se me ha debido perder la cabeza en algún lugar del camino. Los caminos de la vida son inescrutables, como algún que otro designio. ¿Cuál es mi futuro como compendio del saber? Seguían las brisas buscando un mar al que aferrarse, pero allí solo había piedra y tierra. Créanme, zarpamos hacia el infierno no ha muchos años.

Dígame, ¿cómo fue el cielo?

Arriba y abajo. Las centrales llenas de energía desde donde impulsarse hacia vete tú a saber dónde. Quién lo iba a saber a estas alturas, con tanto tiempo pasado. Qué va, no se preocupe, todo irá bien. Las fábricas seguirán produciendo. La productividad, señor, sigue aumentando. Muchas gracias por su informe. Es una pena, ¿cree usted que es una pena? Yo sí. ¿Yo? ¿Quién es ese...?

Señor, señor. Despierte, señor. Han llegado con el mensaje que esperaba. ¿Todo en orden?
Todo en orden, señor.

Pues sí que han acabado rápido con la tradición.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Sultanes del 'Swing'

Os vengo a narrar una pequeña anécdota que me ocurrió no mucho ha mientras buscaba algún rincón oscurecido donde poder comenzar mi viaje. Pasó que en el transcurso de mi búsqueda, hallé aquel lugar que tanto ansiaba. El problema (que resultó ser la ventaja que menos pensaba) es que allí ya había alguien, otro viajero bien equipado dispuesto a zarpar hacia la nonada. Entorné los ojos, aunque luego comencé a confiar. Si él quiere lo que yo, por qué no.

Tras una larga hilera de pasos quedos, alcancé su hogar sin llamar a la puerta, que no había. Entré, me senté, y miré a mi alrededor, donde el vacío de las estrellas me otorgaba cierta tibieza cómoda. Allí, mi acompañante durante aquella jornada me reveló varios de sus secretos. Y uno de ellos no fue de mi agrado. No es un secreto pues ya todos lo conocen (a él y al secreto), pero lo contaré brevemente, el tiempo se agota (?)

¿Qué hacen entrando y saliendo ellas? No las entiendo. ¿Por qué no nos quedamos en un lugar o en otro? Yo, con inocencia, levantando tímidamente la Voz, dejé caer, ahí, en mitad de nuestra nonada, que si no sería mejor la mezcla, la evolución, el mejorar sin parangón. Él levantó una ceja, agarró su bastón y salió de allí con otros pasos, más quedos. Yo me fijaba en él, en su figura, en cómo sus dedos agarraban con una firmeza ligera el bastón. Fue dejando un reguero de tinta inexpugnable, que acabé bebiendo en un afortunado accidente.

jueves, 7 de mayo de 2015

Un siete bailarín

—Ya has vuelto, ¿verdad?
Y así era. Todas las tardes que se quemaban ante la impasibilidad de unas cuatro paredes se reunían ante ellos dos como un par de claves musicales. La armonía bailaba con destreza y agilidad en aquella pista de baile, buscando la venganza entre las eras pasadas y las venideras, mientras que los protagonistas, en la intimidad de un ligero resplandor lejano, disfrutaban de sus alientos entrelazados. Pasaron unidos una eternidad que se tornó ligereza, sutilidad. 

Tienes razón si te acercas a mi oído y, con los brazos en un chantaje de roce a roce, me hablas con pena de la poca presencia que hago en tus noches sin tinta. Y no tengo nada con qué disculparme, si no fuera porque, bueno, al menos aquí estoy, ya sabes, de vez en cuando no sobra un trago de esto, y de aquello. Porque esta es mi nave de escape, pero no tengo planeta al que huir si, estando junto a ti, puedo crear un universo que no posea límites, que no tenga fin.

miércoles, 29 de abril de 2015

Seguro que sí

Decíme, ¿cuántas veces hemos de padecer? Decíme, ahora que te postras ante nuestra estancia decorada solo pensando en ti, ¿cómo pasa el tiempo? Decíme, con los ojos algo nublados, si es que ver puedes, por favor. Decíme, antes de que las horas se esfumen en tu piel. Decíme, si después de los hechos no vienen las palabras, impregnadas todas ellas de un olor dulzón, formando un huracán.

Decíme si sopla el fuego, o si la tierra se mueve, el agua se entristece o el aire arde en llamas melancólicas. Decíme tú, que amparas las oraciones que busco desde que los dedos se me mueven. Yo... ¿yo? Nadie que debas apreciar, no apuntes con esos iris enmudecidos. Dejáme, al menos, sacar el arco.

Decíme, ¿qué se siente? No daría nada por tu lugar, pero ahora me entró la curiosidad. ¿Qué se siente nadando en un mar sin final? En un pozo, donde los patios siguen intachables ante el ojeo del vecino. ¿Qué pasa? La noche es un misterio, el futuro no es tan incierto, y mis temas, sus obsesiones y los tópicos se dan la mano en un círculo de podredumbre que nos ahoga poco a poco.

Te digo, no a ti, sino a Él, el manto oscuro que ilumina hasta al más venenoso, al más tintoso. Te digo, llévame de aquí, a alguna isla donde el viento arrecie y nos obligue a crear chispas en la chimenea.

Presentación

Me gusta la felicidad de presencias y ausencias. Vivo descansando de la pasión que suele quemarme por dentro. Hago malabares con todas las brisas envenenadas. Danzo grácil a la hora nadar por el pantano. Sirvo vientos huracanados sanadores. La tinta la retengo, porque no es líquido a secas, es la resistencia al temporal. La diversión la busco en tus ojos, que es infinita. Las lanzas de hielo las derrito, y en el fragor de la estacada, me vuelvo un gigante con brazos descomunales. ¿Qué tengo que hacer para tumbarme en mi siesta con la placidez de la brisa tibia? La que traen ellos, y ellas, con su presencia, a mi lado. Me abanican con sus alientos. Y ella me lo quita. Es un círculo que quieren romper. ¡Hagamos magia!